lunes, febrero 26, 2007
viernes, diciembre 08, 2006
Laberinto
Y en la eterna búsqueda por volar y encontrar al que está buscando a la desprende de sus alas el letargo desesperado por hallar una razón para compartir...te encuentras enamorado del enemigo.
El inevitable placer de enamorarte de quien no debes.
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viernes, febrero 03, 2006
En la ausencia de tu nombre
Tenía una moneda en mis manos y cerré mis ojos al levantar la cara al cielo para pedir un deseo mientras dejaba que el aire se robara tu nombre.
Traté de buscarte en mis sueños, traté de buscarte en mis recuerdos, por un instante te perdí por completo y aunque tenía la certeza de tu existencia, el viento se llevaba tu nombre sin querer traerlo de vuelta.
Olvidarme de tu nombre era como perder la mitad de mi memoria y un poco más… apreté mis ojos en un tono de súplica al viento, la ausencia de tu nombre me hizo saber lo que sería nunca haberte tenido.
Traté de buscarte en medio de todas las cosas que había olvidado y pensé de nuevo que no volvería a encontrarte.
Y mientras transcurría un instante de ausencia que parecía nunca terminar, pude verte emerger desde lo más profundo del olvido hasta hacerte el pensamiento más feliz de una noche en la que trataba de pedirle un deseo a una fuente seca como el desierto.
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miércoles, enero 18, 2006
Los motivos para odiarte
Desconozco si el odio es motor del amor o al menos su cura… probablemente la negación de todo amor sea la declaración perfecta de odio con sus múltiples razones.
Hoy, tengo muchas razones para odiarte, la primera de ellas, por tu miserable cobardía, porque apenas puedo yo cargar con mi cobardía para además cargar con la tuya…
Mi segunda razón, y no por eso mucho menos importante, es porque he aprendido a amar con temor, porque sé que mientras más se ama, se genera una distancia que kilométricamente me aleja. Por eso aquella extraña preferencia de no amarte… para tenerte siempre cerca.
Como podría no odiarte… cuando tengo que quitarle el sentido a tantas cosas, porque nunca nada importa, nunca nada pasa, todo desaparece cruel y efímeramente. Ya no deshojo margaritas… prefiero arrancarle una a una, las plumas a un par de alas por cada cosa que no importa
Y te odio también por las palabras que nunca dices y por la forma en la que desapareces.
Sin duda te odio más, por negarme todas esas historias, las que podríamos vivir y las que por cierto nunca existirán.
Y al escribirte todas las razones que tengo para odiarte me doy cuenta que ni siquiera eres real, que sólo has formado parte de una realidad imaginaria que siempre quise que se empapara un poco de realidad.
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martes, noviembre 15, 2005
La que vuela
Para Rodrigo,
Que está buscando a la que vuela.
Y al que por cierto… ni conozco.
Recuerdo bien aquella vez que mis oídos lo escucharon por primera vez…
Oliverio yacía en la cama y ella lo miraba mientras versaba…
"Me importa un pito que las mujeres tengan los senos como magnolias o como pasas de higos, un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco o un aliento pesticida.
Soy perfectamente capaz de soportar una nariz que sacaría el primer premio en una exposición de zanahorias.
Pero eso sí, no le perdono bajo ningún pretexto, que no sepan volar, si no saben volar, pierden el tiempo conmigo."
No pasó más de un instante cuando sus manos se dirigieron a su mesa de noche donde había un botón, que al ser presionado dejaría abruptamente abierta la puerta de su cama, por la que ella caería sin ninguna explicación, más que un grito de sorpresa entremezclado con dolor.
Y pensé cuantas veces había caído yo por ese mismo agujero con la misma advertencia, si no sabía volar, seguramente caería en lo profundo sin una red de seguridad, llevando a cuestas el recuerdo de un intento fallido.
Y probablemente aún no haya levantado vuelo alguno, sin embargo, algunas de nosotras también buscamos a quién un día te mire a los y te recite lentamente aquellas palabras, en las que advierte el vuelo y en las que también se atreve a volar.
Y es sencillo,
Ella vuela cuando él, la toma sorpresivamente de la mano y con seguridad la invita a recorrer un camino hacia cualquier parte.
Ella vuela, cuando él, la mira fijamente mientras pretende decir algo, se moja los labios, no encuentra las palabras adecuadas y mientras baja la cabeza sonríe haciendo evidentes sus pensamientos.
Ella vuela mientras en un abrazo en el que la eternidad no cabe en un simple instante, ella escucha como el latir de su corazón se confunde con el latir del corazón de él.
Ella vuela cuando en un beso sorpresivo se acaba el mundo y todo tiene un nuevo sentido.
Ella vuela cuando espera por él precavida de no mostrar ansiedad y la enorme alegría que lleva dentro por volverlo a ver.
Ella vuela también cuando lo extraña y en su vuelo no olvida el valor de la distancia y la libertad.
Ella vuelve a volar cuando su tristeza le hace saber cuanto necesita sentir su respiración cerca y los eternos silencios que también comparten.
Ella vuela cuando al llegar la noche conciben un sueño juntos y cuando al amanecer puede verlo despertar lentamente mientras ella sueña.
Ella vuela cuando conoce el sentido del respeto y la libertad, cuando con él comparte estos significados y ambos lo saben bien.
Ella vuela cuando sabe que las caricias son más que un roce carnal efímero.
Ella vuela cuando él… también quiere volar.
Levantar el vuelo no es sencillo, es un acto de dos… si una mujer es la que vuela, es porque un hombre la hace volar.
Nosotras no vamos por vuelos nocturnos flotando entre las nubes esperando ser atrapadas por una red para cazar mariposas… suele ser la mirada de un hombre a una mujer la que hace que la distancia entre los pies y el suelo se haga más grande… que la distancia entre las nubes y el tiempo se haga casi imperceptible.
Algunas de nosotras, como todas ellas… esperamos levantar el vuelo… y en el intento… también llevarlos a volar… a todos los ellos que indefinidamente en su búsqueda siguen esperando a la que vuela.
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lunes, enero 03, 2005
La elección correcta
Y por mi cabeza cruzó la duda…
Y sentí que no era yo una respuesta adecuada a una pregunta no formulada.
Y en el tormento de sentirme siempre como una respuesta efímera para unos y otros, quise ser una respuesta adecuada.
Y la necedad, la obstinación y la firmeza se cruzaron de brazos pensando que los había engañado, durante tanto tiempo… durante tantos pensamientos y sueños… durante tanta vida.
No sé cuál de nosotros estaba más defraudado… y el silencio se interpuso entre nosotros, ellos jamás suplicarían, la templanza los había protegido bajo la promesa de una nueva indecisión. Yo también guarde silencio y sentí un eterno dolor en el pecho y un golpe de rabia en mi cerebro.
Y el tormento de pensar que posiblemente no estuve correcta en mis ideales y mis decisiones siempre fueron poco adecuadas iban acabando conmigo… me hacían retractarme, retroceder, negarme un poco, y si cuestionara mi camino pensando que pudo haber sido otro el que me llevara hasta la cuesta de mis sueños hasta ahora inalcanzables? Y el dolor atravesó mi alma y mi corazón… y recordé que alguna vez deseé ser una respuesta correcta para algunos, ser una elección correcta y no etérea que siempre se desvanecía ante la promesa incumplida
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martes, septiembre 28, 2004
Llegado el momento imperfecto para decirte adiós, recorro suavemente tu recuerdo, el sutil placer de no tenerte nunca y poder recordarte intacto por siempre.
Las historias frustradas de amor, esas que en las que siempre habrá un quizás y probablemente un tal vez, pero nunca un jamás o un será, esas viejas y roídas historias por la ternura que en su valía recuerdas, son las más cobardes y en sí las más valientes.
Si un día cualquiera el amor se adueñara de ellas, desaparecerían entre ascos y hastío, en desilusión y más desilusión convertida en un odio infalible contra el que ningún recuerdo podría volver a luchar.
La valentía de dejar esas historias un día en el que deseas, te duele hasta la tripa, te partes por dentro y los ojos jamás se cansan de dejar una lágrima perdida que nunca saldrá.
Y sí, siempre fuiste un recuerdo que ni siquiera era mío y pensé que sería mejor guardarte ese puesto ideal que ocupan los grandes hombres, a los que uno suele inventarle una historia y dejarlos ir sin volver la mirada atrás.
Un día, por coincidencia o casualidad… la historia dio la vuelta y te puso frente a mi… y si Borges nos hubiera visto, diría tras la última bocanada de un cigarrillo, después de mirarnos y sonreír con cierto sarcasmo, que una casualidad o coincidencia siempre son una cita.
Y te tuve en frente y sabía que te iba a volver a perder, debía suponerse que esas cosas no dolieran… cuando sabes que todo lo que has deseado lo perderás… y lo supe y lo supuse, y volví a suponerlo y el alma se me llenó de frío. Por que en algún momento desee que te quedaras y que no siguieras tu camino de frente, quise desear que esta vez fuera distinto y sabía que no debía serlo así.
Y me despedí de ti como tantas veces prometiendo una próxima casualidad y coincidencia, y te sonreí y te abracé con la certeza engañosa de que volvería a tenerte cerca. Muy pronto recordé que sería la última vez que te vería hasta la próxima coincidencia o casualidad, hasta que irremediablemente la vida y el destino nos volviera a topar.
¿Qué puede hacer uno contra el destino? Un hijo de puta como enemigo o amigo… el tormento de mendigar coincidencias y casualidades, y al mismo tiempo tenerlas sin pensar solicitarlas.
Y es así como te he perdido nuevamente, como he querido desear que las cosas fueran distintas y esta vez cambiaran, sin embargo, hoy sé que las cosas no cambiarán, que te habré perdido y que te dejaré ir, con un dolor que mis entrañas no debieran sentir al saber siempre que te perdería.
Y esta vez no me duele perderte porque para mí es muy fácil eso: perderte. Pero me duele adentro… porque las personas como tú, son para perderse, para abrazarlas y siempre darles un beso de despedida con la promesa de un pronto y un certero jamás.
Hoy sé que me despido y que pasará el tiempo antes de volverte a ver. Me duele más el tiempo que la despedida, me duele más saber que un tal vez acorrala una historia que pudiendo ser hermosa y tormentosa se vaya siempre con la frente en alto esperando ser sólo un recuerdo de una coincidencia o casualidad.
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miércoles, mayo 12, 2004
Pues sí, de hecho nunca tuve un buen argumento, pero siempre quise uno.
No quisiera reclamar, pero tal vez tenga un poco de derecho.
Lo cierto es que en ocasiones cuando me decido a hacer cierta evaluación de la vida y sus escenarios, la conclusión es siempre la misma: nada parece valer del todo la pena. Pues hay tantas razones inventadas para mover al mundo, hay sentimientos con fecha de caducidad y la simple necesidad de supervivencia que nos acosa día a día buscando un sentido.
Hoy he leído la frase 'y las horas que se hacen días' y de la misma forma he pensado como mis horas, mis cortas horas se han hecho días de espera, meses y probablemente años. Sin atreverme a hacer un recuento empiezo a creer que he perdido más de la mitad de mi vida en la espera de algo que no llega porque tal vez (y sólo tal vez) no exista.
Hoy, ayer y anteayer me ha despertado sin falta el sonido insoportable del despertador, aquel himno parece el recordatorio inminente de que no he hallado una razón suficiente para abrir los ojos sin ayuda. No hay una voz suave, mucho menos una caricia o un beso...sólo el simple replicar de un sonido que se repite hasta que puedo detenerlo.
El que verdaderamente ha experimentado la soledad, no puede quejarse de ella porque ha encontrado en realidad una seguridad (casi) absoluta. La no necesidad de los demás, nos hace sin duda un poco más fuertes. Sin embargo, puedo argumentar que un día te levantas y cansado de vivir únicamente para uno mismo (sin que este sea un acto egoísta...sino...de mera causalidad) te preguntas si es suficiente... si a veces no sería reconfortarte escuchar una voz amable que pregunte sobre el estado anímico del alma, sobre la temperatura corporal o que nos levante en 15 puntos el valor de las esperanzas y los sueños.
Pero indiscutiblemente las voces uno las va inventando porque nunca nadie las oye. Últimamente me he dado cuenta que hablo más conmigo misma que con los demás. Tal vez un día olvide como es el sonido de las otras voces porque me encuentro totalmente adaptada de escuchar mis preguntas y mis respuestas a una sola voz. A veces armo tremendas discusiones y algunos foros para no caer en los monólogos. Me hablo y me contesto, me hablo y me contestan todas esas voces que se confunden una y otra vez con la propia.
Pero es inevitable, un día me aburriré de lo mismo y querré escuchar la voz de alguien que me dé un argumento para que luego nos podamos sentar enfrascados en una conversación interminable que en la que se diluyan esas horas que se han hecho días y meses y años.
Hoy es tan difícil encontrar un buen conversador, la mayoría de las veces...los temas son demasiado cortos, demasiado simples y hasta torpes...nada va más allá de lo evidente ni sufre de convulsiones de pasión. Los argumentos propios se han extinto en tantas bocas... ya casi no hay. Escasean de repente y uno no puede ir a comprarlos al supermercado o a la librería... no puedes pedirlo con un café para llevar o como un película para rentar.
Y entonces, acostumbrados de lo mismo y del ruido que llena esos espacios vacío de silencio...nos acostumbramos a no escuchar de nuevo y a no hablar.
Pues bien, acostumbrada a la dinámica. Ya no me quejo... aunque ansío conseguirme una buena charla con argumento, gratuita y que dure largas horas...donde no se me acaben las palabras y ni a mi conversador tampoco. Y tal vez después podríamos compartir la los sueños, la noche, la luna e intercambiar pensamientos, hacerlos recuerdos y colgarlos arriba de la cama de cada uno para no olvidar aquel día que nos sentamos a conversar: a hablar y a ser escuchados...que hicimos un diálogo hermoso que empezó suavemente y poco a poco tomó un argumento. Que nos dotó de nuevos pensamientos y nos dejó listos para dormir esperando despertar con nuevos bríos.
Siempre quise un argumento para él. Siempre quise poder decir las palabras exactas para sorprenderlo y lo cierto es que jamás lo logré. Me resigne a quedar maravillada por el sonido de su voz y preferí guardar silencio para recordar siempre sus palabras. Y un día, un buen día...quise quedarme a oírlo hasta que se cansara de hablarme y le pedí un argumento. Su boca se cerró y me negó su mirada. No sé quién le dio la espalda a quién...probablemente ambos lo hicimos. Bajamos la cabeza y nos ignoramos, él me negó de nuevo su voz y sus palabras y yo ya no quise tratar de que escuchara de nuevo mi voz. Yo no tuve un argumento para retenerlo y así fue como lo dejé ir.
Y puedo asegurar que nunca quise falsas promesas, ni mucho menos cursilerías baratas. Creo que sólo quería compartirme un poco, ese trueque extraño que significa dar esperando recibir. Compartir un poco del aire y de la mañana, compartir un café y el humo de un cigarro, compartir un trozo de su pensamiento y remojarlo en lluvia para que sepa más rico. Que me dejara oír su voz y sus cuentos...esas historias inverosímiles y tan humanas...que me dejara recortarle algunas estrellas de la tarde para pegarlas en la suela de sus gastados zapatos y que me dejara hablarle mis creencias infantiles y de lo extraño que son mis sueños. Tal vez podríamos compartir el tiempo simplemente en silencio y podría asegurar que estaría bien para los dos.
Si pudiera vivir de nuevo aquel momento en dónde el silencio se hacía con una melodía, mientras simultáneamente cada uno se inventaba una historia y una vela se apagaba...quisiera compartir su sueño y alegrarme de las pesadillas que lo harían despertar a media noche inquieto por contarme paso a paso de aquel sueño incómodo que se atrevía a visitarlo.
Quisiera tantas cosas y no tuve un argumento que quisiera escuchar él.
Y el quería un argumento y yo quería otro...y sentí que jamás me quiso escuchar y probablemente nunca supe como argumentar mi propio argumento.
Después de meses...sé que ha encontrado un argumento que lo ha hecho volar. No sé si me alegro muy en el fondo o si me da un poco de envidia. Lo único que sé es que ahora prefiero guardar silencio esperando un argumento.
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jueves, enero 22, 2004
Uno cuando piensa en escribir cosas del corazón, lo primero que teme es, advertir que la cursilería generada por las letras, no es cualquier clase de cursilería, sino una cursilería que debería dejar de ser llamada cursilería para ser entendida como una idea sincera.
Sin embargo, no puedo engañarme más, después de escribir sobre el corazón habré escrito una cursilería y no tendré tiempo de arrepentirme de haberlo hecho, en fin. Tengo la idea de que las llamadas cursilerías antes eran cosa común hasta que la gente dejo de tenerlas y entonces cuando era raro ver un detalle magnífico les empezaron a decir cursilerías por parecer exageraciones de demostraciones que ya no existen.
Espero que comprendan el siguiente tipo de cursilería.
No sé si la culpa es de la soledad en la que me he mantenido por años, con esa armadura fuerte donde no necesitas de nadie y donde he aprendido a secarme mis propias lágrimas con el sol, esperando a que se evaporen las tristezas. Pero a veces pienso que no sería mala idea eso de jugar a ser mago y entonces hacer trucos de magia que causen sonrisas y sorpresas.
No lo podemos negar, vivimos inmersos en una cotidianeidad sumamente absurda, a veces creo que nos hemos acostumbrado tanto a la realidad diaria ya no nos damos cuenta cuando hacemos las cosas por inercia.
Estaba yo en una esquina esperando el verde del semáforo, mientras los coches pasaban, me detuve en un puesto de periódico a leer los encabezados de la nota roja un instante después, estaba a la mitad de la avenida caminando hacia el otro extremo del abismo, no recuerdo haber visto la luz roja cambiar a verde... no recuerdo pensar que era hora de cruzar, simplemente estaba a la mitad de la avenida preguntándome como había llegado hasta ah? y si lo había hecho bajo conciencia propia. La respuesta fue negativa.
Y así como yo no me he dado cuenta de que tomo decisiones por costumbre y que en ocasiones mis pasos saben mejor a dónde ir, nos hemos acostumbrado a la hostil y fiel compañera soledad, nos hemos conformado con vivir una vida llena de vacíos y emociones vanas. Hemos confundido el amor con el miedo de no estar solos y nos hemos limitado a buscar el amor a la vuelta de la esquina y así veo pasar mi vida, y la del de junto y la del de enfrente. Preferimos encontrar quién nos quiera incondicionalmente a arriesgarnos a encontrar a ese alguien a quién podamos amar con absoluta demencia.
Una compañera de la escuela nos contaba que su papá se robó a su mamá, cuando ambos tenían 17 años, cuando era adolescente tomó el coche de su abuela y le dejó una nota que decía más o menos así: “no me robo tu coche, te lo voy a pagar cuando tenga dinero?” Y entonces pensé en a saga aquella que significaba dejar el mundo atrás por un amor. Debo decir, que caso similar no he visto en nuestros días.
Lo cotidiano hoy, es ver que la gente sufre porque el otro (el ser amado) no se quiere comprometer o viceversa; los demás sufren porque el otro (el ser que los ama) quiere que se comprometan a huevo y entonces pienso: el compromiso nada tiene que ver con un vestido blanco, las promesas estúpidas de fidelidad, tiempo y apoyo. El compromiso es algo más fuerte.
El compromiso significa: estar porque uno quieres estar. Uno no tiene que prometer su tiempo, su eternidad y su alma, porque un buen día, te levantas y dejando una nota escapas del tormento.
Nadie sabe lo que quiere para hoy y para mañana, nadie sabe si mañana te levantarás de humor para amar o para salir huyendo de la sombría obligación de amar a alguien que ha estado ahí siempre.
Luego, nos enajenamos de la soledad y atormentados por llegar a viejos sin un perro que nos ladre, le vemos cara de amor a cualquier persona y lo disfrazamos de príncipe o princesa, hay tantos amores mediocres en este mundo, amores para el libro de las indiferencias y los engaños, amores para los libros de los reflejos y los vacíos. Lo cierto es que dejamos de buscar el amor por buscar un compañero con el cual compartir la soledad y el miedo de estar con ella siempre.
Y pues bien, aquel que ha escrito cuentos de princesas atrapadas en castillos o de caballeros a caballo, o bien de Julietas y Romeos bajo la luna, han estado esperando su turno en la fila, en una fabrica de caballeros sin caballo y de princesas sin belleza a que les llegue su turno, lo que han olvidado es que en las historias de verdadero amor, el de la parte chingona se la lleva en que en vez de ser princesa atrapada o príncipe sin corona, se arriesgan a ser el príncipe que rescata o la princesa que enamora?
Pues sí, siempre ha sido muy fácil ser nadie, ser culpable y además de todo: ser víctima. Lo interesante es ser el mago de los sueños de alguien. Dejar detalles amables pegados en las puertas o bajo las almohadas, dejar letras anónimas o sueños colgados en el closet, dejar servida agua de sabor ilusión o tener platos hechos con textura de burbujas, encontrar flores en los techos y nubes en el piso, dejar que la luna sea completa cómplice de las travesuras más amables que ha hecho alguien por ser amor para otro, por regalar un poco de emoción, ilusión o ternura.
¡Y lo he hecho! He escrito una sarta de cursilerías y no me arrepiento de haberlo hecho. En ocasiones quisiera ser la manufacturera de historias fantásticas, de noches brillantes y sueños traslúcidos, sin embargo sé que el miedo que se siente por dentro al arriesgarse se puede convertir en una herida de suma profundidad a la que ni el tiempo pueda curar.
Hoy no soy nadie, no soy princesa, ni espero caballero, quisiera saber que podré amar y ser amada de la misma forma y con eso me conformo.
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lunes, noviembre 24, 2003
Lo sigo buscando, pero ha sido inútil... no ha dejado rastro...no ha dejado encontrarse.
Tal vez quiere que no lo encuentre más y que lo deje libre...que mi mente ya no lo tenga prisionero, porque le gusta escapar de las prisiones mentales...donde los pensamientos suelen confundirse con sentimientos enfermos...enfermos de afecto o de no olvido, de tristeza o ausencia...de confusión o resignación...todos los sentimientos están enfermos...porque se han equivocado en su función existencial, cada uno ha errado en su elección de existencia y ahora nos tienen a todos confundidos.
¿Qué hacemos cuando los sentimientos nos han dejado de funcionar? ¿cuándo cada vez que los experimentamos sabemos que se han equivocado de gravedad pues el daño ya ha sido hecho?
¿Cómo te los sacas? ¿cómo los olvidas? ¿dónde ha quedado el interruptor para apagar el sistema?
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martes, noviembre 11, 2003
Lo he visto escribir nuevamente...siempre me pregunto ¿por qué es capaz de ver cosas grandes en los que otros escriben de los demás y cegarse al tratar de leer palabras que son escritas especialmente para él?
A veces olvida como oír y entonces baja su cabeza y clava su mirada sin tratar de entender...a veces se olvida de su vida se la pasa comiendo historias ajenas.
Él encontró un documento de texto abierto en un café internet, se atrevió a leer el principio y el final de la historia y luego la dejó escapar, ahora vive arrepentido de no encontrar el rostro de su autora...la que pone en sus letras la tristeza y lleva en su rostro tatuado el símbolo del dolor.
Se atormenta ahora por haber dejado escapar esa historia ajena que nadie ha querido contarle y ahora acude al café en busca de ese mismo rostro afligido por el amor, por una carta de adiós, arrepentimiento, de dolor, de desprecio, ¡de amor! ¡qué sé yo!
No puedo evitar odiarlo una y otra vez. Pues he tratado de escribir frases para él, que no sabe leer mis letras y ni siquiera se aflige de no entenderlas. Cuando ahora leo sorprendida que deja cartas anónimas e historias incompletas en las máquinas de los cafés Internet para que algún descuidado lector las lea y salga complacido o las tiren al bote de la basura sin importancia alguna.
Sé que la coincidencia es la única forma de entrar en su vida, toparlo y mirarlo a la distancia dejando que él mismo te descubra y se acerque...sé también que es imposible creer que las líneas que yo escribo caigan en sus manos y que sin el saberlo se encuentra y entienda mi dolor y entonces se adueñe de mis palabras sin saber que son mías, sin saber que son de él.
Y ahora, heme aquí escribiendo la historia de un escritor que lee historias ajenas y las vuelve a inventar para los demás. Qué vive buscando en las máquinas de los cafés públicos su propia historia...uno nunca sabe, tal vez un día lea estas líneas...o encuentra una carta con el remitente en blanco y sepa que ha encontrado su historia narrada por otra persona que a distancia entabla un diálogo imaginario con él, porque definitivamente la imaginación es la única forma que me permite leerlo y responderle (sin responderle).
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lunes, octubre 06, 2003
" La amistad silenciosa de la Luna (cito mal a Virgilio) te acompaña desde aquella perdida hoy en el tiempo noche o atardecer en que tus vagos ojos la descifraron para siempre en un jardín o en un patio que son polvo. ¿Para siempre? Yo sé que alguien, un día, podrá decirte verdaderamente: No volverás a ver la clara Luna. Has agotado ya la inalterable suma de veces que te da el destino. Inútil abrir todas las ventanas del mundo. No darás con ella. Vivimos descubriendo y olvidando esa dulce costumbre de la noche. Hay que mirarla bien. Puede ser la última. "
Estar contigo o no estar contigo,
es la medida de mi tiempo.
Jorge Luis Borges
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martes, junio 24, 2003
No soy una persona que escriba cursilerías estúpidas sobre añoranzas y sueños rotos...sin embargo, aún para quien lo dude...también añoro y se me rompen los sueños a trozos.
No sé si la dureza que he procurado al afrontar las cosas sea tan buena como se ve...a veces creo que si me pusiera a llorar un millón de años tal vez me sentiría más feliz de no serme indiferente.
He descubierto que mi alma trato de escapar de mí, porque estaba harta del vacío y entonces cavo y cavo dentro de mí, sin que yo lo notará y se fue... el hoyo por el que salió es grande y parece que lucho mucho para hacerlo, ahora no encuentro como resanar ese hoyo y todo lo que me pasa se va por ahí, es como un enorme tobogán que al llegar a su fin se escapa y no se queda...supongo que todo eso se va a perseguir a mi alma, por si de casualidad la encuentran y la hacen volver.
El primer paso fue asumir la hermosa fragilidad del ser humano y entonces deleitarse con lágrimas y sonrisas, con sueños y utopías. Después el ser humano que abría los brazos se fue encogiendo...sentía golpes por todas partes y para protegerse se entumía hasta que se hizo concha...su corazón yace igual que una perla guardada.
Y entonces todo aquello...sueños hermosos...valientes utopías, lágrimas sensibles y sonrisas espontáneas no tenían algún efecto especial sobre la concha.
A veces esa ración simple de sensaciones es vital para seguir produciendo sueños y anhelos, cuando dejas de percibir, es casi imposible que un sentimiento logre perturbarte y entonces el dolor ya no duele, y el amor no se siente, la ilusión ya no hace ilusión y los sueños no existen y el hoyo sigue ahí tragándose todo.
Este sentimiento es verdaderamente encabronante...es como si un humano dejara de serlo al momento de haberse aislado completamente de todo, algunos se preguntan...'se podrá?' y probablemente sea imposible es cierto pero uno se vuelve indiferente ante el dolor propia, el fracaso propio y la frustración propia; en pocas palabras es como tener atole en las venas....
Si a cualquiera le pasa lo anterior es terrible, lo más terrible es hacerlo consciente, pues entonces inicia una lucha contra la concha, y entonces contra el peso y la dureza de caparazón...uno empieza a apostarle a un sueño, a un sentimiento o a alguna que otra aventura... y entonces se esperan los resultados...y cuando ellos son terribles, el ser humano se mete de nuevo a la concha...su cara no refleja tristeza, ni decepción, ni esperanza, ni nada...ya no importa.
A este pobre ser humano lo único que le funciona aún es la razón...eterna enemiga que no se ha cansado de atormentar su existencia.
La substitución de la felicidad ahora es pensarte feliz...de la tristeza...pensarte triste...de el fracaso lo mismo...desde el hoyo que cabo el alma. todo radica en la parte superior de la cabeza, se piensan las cosas...no se sienten.
La concha es cada ve más grande...
y cuesta cada vez más trabajo abrirla...el ser humano se empieza a acostumbrar a vivir en total aislamiento. El tiempo le es indiferente, pasa y pasa, pero parece nunca pasar.
Ahora relataré la historia de como me di cuenta de que llegué a una concha que está cerrada y aún no logro deshacerme de ella.
Hace muchos muchos años...yo era una niña a la que le gustaba oír las historias de su abuelo... El señor de los ojos verdes solía hablarme con su carrasposa voz, mientras abría puertas secretas que me podían trasportar a cualquier lugar que las palabras que salían de su boca fueran pronunciadas.
Y entonces el abuelo se convirtió en un monstruo que dejó de contar historia y nunca más salieron palabras hermosas de su boca. Creo que siempre he añorado esa sensación de dejar entrar la magia a mi alma. Pero eso se acabo.
Me he dejado engañar por algunos juglares que deambulan por el mundo con falsas palabras...siempre lo noto cuando he tratado de abrir una puerta y la puerta no se abre.
Hace algún tiempo encontré a un juglar con la voz hermosa, que contaba historias y se emocionaba fácilmente a simple vista.
Ojos como los suyos nunca había visto...cambian de color como jugando...la mayoría de las veces son grises...y otras tantas se vuelven verdes...a veces creo que está ciego porque parece no mirar nunca nada a la vez.
La primera vez que lo vi pensé que era un vagabundo que guardaba distancia del mundo mientras parecía que se tragaba al mundo con los ojos con los que no veía nada y pensé que no era importante.
Un segundo después comenzó a hablar y le salieron mil bocas...contaba cientos de historias al mismo tiempo y cada una de ellas se colaba por adentro de mi ser, una a una haciendo consquilleos en mis neuronas y entonces con un abrazo abrió un montón de puertas...
Y empecé a creer en él, como el hacedor de mundos hermosos, el de los ojos ciegos...
Toda su persona tiene algunas facultades...la primera, cambia de tamaño...unas veces es pequeño, tan pequeño como un niño de escasa edad y otras se hace grande como titán de batalla, es capaz de desaparecer por millones de años y volver al instante como un acto de escapismo de magia, tiene la capacidad de vivir atemporalmente, no tiene recuerdos, no tiene pasado ni futuro...para él después de unos minutos todo ha cambiado, ha olvidado lo que acaba de vivir y parece seguir adelante.
Su vida es como una línea recta en la que siempre camina para el frente y nunca mira atrás...un paso y luego otro...sus huellas no dejan rastro, un paso y luego otro no hay marcha atrás...un paso y luego otro...el primero ha dejado de existir y el segundo también...el tercero está por darlo pero cuando dé el cuarto ya no existira.
Lo vi reír y me emocioné mucho...porque cuando se ríe parece hacer un esfuerzo enorme por estirar cada músculo de su cara...sin embargo, el sonido de su risa es espontáneo como el de un niño pequeño que no para de reír...debo aceptar que su risa me da felicidad.
Entonces...lo veo, pero parece él nunca mirarme. Le sonrío y el parece pasarse de frente...lo detengo...pero parece no escuchar...él sólo vive para adentro....
Repentinamente se detiene a ofrecer algunas sonrisas o a hablar con esa mirada perdida que lo caracteriza... sin embargo... sólo vive para adentro y parece que sólo deja pasar a algunos a su interior.
He esperado mi turno, sentada y parada, mirándolo a lo lejos...teniéndolo frente a mí, pero al fin de todo, nunca parece mirarme... es tan difícil querer ser rescatada de la concha por un ser así.
El no sabe que existe esa concha, no la ha visto y no sabe que vivo en ella. A veces cuando lo oigo suele sacar a mi alma de la concha por unos instantes...pero luego vuelve la cara a otro lado y se olvida de mi alma y entonces ella vuelve triste a la concha.
Quisiera saber como podría hacer que me viera...y que entonces me diera un abrazo que de verdad lo pudiera yo sentir...quisiera caminar a su paso y encontrarme en su andar sin ser pasado.
Una persona como yo, no puede hacer que el juglar se quede, porque no le significo absolutamente nada, eso es lo más triste de todo.
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